Itinerario de una imagen sagrada: La Virgen de la Piedad en la Iglesia del Santo Sepulcro en Cagliari

Virgen de la Piedad, siglo XV, madera policromada. Iglesia del Santo Sepulcro, Cagliari.

En la Iglesia del Santo Sepulcro en Cagliari se encuentra una de las imágenes milagrosas más veneradas de la ciudad: La Virgen de la Piedad. Es una escultura de madera policromada hecha a principios del siglo XV por un escultor anónimo de origen ibérico. La escultura representa a la Virgen sentada con gesto de congoja, mirada perdida, manos en posición orante y lamentando la muerte de su hijo que reposa inerte sobre sus piernas. Más allá de que las figuras son rígidas en su composición y que están esculpidas sin cuidado en la anatomía, la claridad de la escena y la expresión patética de María conllevan a que el fiel responda de manera empática ante el drama representado. Por la extraña posición de la cabeza de Cristo y la extrema rigidez del torso, cuello y cabeza, algunos autores han barajado la posibilidad de que no se trate de una escultura exenta, sino que ambas figuras hacían parte de un programa iconográfico más complejo, el del Santo Entierro, que incluía una tercera figura que sostenía la cabeza de Cristo.

Actualmente, La Virgen de la Piedad es la imagen central de un retablo barroco de madera policromada. Este retablo fue comisionado por Antonio López de Ayala, virrey de Cerdeña entre 1682 y 1686, para albergar la escultura. Según registra Giovanni Spano en su Guida della Città di Cagliari, la decisión de comisionar un retablo de grandes dimensiones para ubicar la escultura se debió a un hallazgo milagroso de la imagen que coincidió con la curación de su hija. Sin embargo, gracias a un acta notarial de 1592 en el que se le otorga a Gracia Ximenes permiso para ser enterrada en la Capilla de la Piedad, se sabe que La Virgen de la piedad era ya una imagen de devoción – y posiblemente taumatúrgica – a finales del siglo XVI. Las noticias revelan un estrecho vínculo con la Cofradía del Santísimo Crucifijo de la Oración, hermandad dedicada al entierro de pobres y presos. La Iglesia del Santo Sepulcro fue construida como sede y epicentro espiritual de la cofradía y a su lado se encontraba un cementerio en el que se daba digna sepultura a las personas marginadas de la ciudad. Al ser La Virgen de la piedad una talla realizada con anterioridad a la construcción de la iglesia, es muy probable que se localizará en otro espacio más sobrio y que, aprovechando su carácter milagroso, la cofradía haya decidido darle un lugar protagónico en la nueva iglesia.

Iconográficamente, la imagen es consecuente con el oficio de la cofradía y hace pensar que fue esta hermandad la que promovió la imagen. Ahora bien, si aceptamos la hipótesis de que las dos figuras representadas hacían parte de un programa iconográfico más amplio y cuyo carácter narrativo era evidente, el Santo entierro, es posible pensar en una función doble ligada al uso que las cofradías hacían de las imágenes sagradas. Por un lado, una función cultual alimentada por leyendas de tinte milagroso y, por otro, una función devocional activada por las procesiones. Ambos usos debieron ayudar a consolidar la profunda y arraigada veneración popular de la que gozó la imagen durante modernidad temprana. Junto con La Virgen de la piedad, la cofradía también poseía un Crucifijo en madera policromada de inicios del siglo XVI y que actualmente se encuentra en el altar mayor de la iglesia. Es factible que esta imagen también cumpliera con esa doble función y que ambos objetos se complementaran tanto en lo cultual, como en lo devocional.

El arraigo de la escultura en el imaginario popular y su sabido poder milagroso debieron ser las razones por las cuales el Virrey López de Ayala decidió patrocinar un lujoso y monumental retablo para albergar la imagen. Esta comisión no sólo lo posicionaba como un agente de poder político, sino que lo vinculaba con una de las hermandades de mayor prestigio en la ciudad. En este sentido, no es errado afirmar que la imagen milagrosa adquiría también una función política al visibilizar el poder del nuevo Virrey. Además del carácter multifuncional que se ha sugerido, resulta interesante ver como esta talla en madera es un objeto que conecta la ciudad de Cagliari con el atlas de la monarquía hispánica por medio de tres agentes: el artista que la creó, la acción del Virrey López de Ayala y unas prácticas compartidas por las hermandades a lo largo de un inmenso territorio en relación con el uso de imágenes sagradas.

June 26, 2020