La mujer negra en el Retablo Mayor de Ardara

Mujer negra en el Nacimiento de la Virgen, Juan Muru, Retablo Mayor de Ardara, ca. 1515. Image: Spissu 2019, 290.

El llamado Retablo Mayor de Ardara (fig. 1), del siglo XVI, se encuentra en la iglesia Santa María del Reino, ubicada en la comunidad de Ardara, provincia de Sassari, Cerdeña. Este políptico, estructurado como tríptico, posee 10 metros de altura y 6 de ancho, y en él se resaltan principalmente los distintos momentos de la vida de la Virgen María y de Cristo: Nacimiento de la Virgen, Anunciación, Natividad, Adoración de los Magos, Resurrección, Ascensión, Pentecostés y El tránsito de la Virgen.

Este retablo es singular por ser uno de los escasos ejemplos isleños que se han mantenido en su lugar de origen, y por haber logrado conservarse intacto frente al inclemente paso del tiempo. Su peculiaridad también reside en poseer un epígrafe—localizado en el compartimento central de la predela—, en el que se puede acceder tanto a la fecha de realización “1515”—también se propone la lectura del año 1505—, como al nombre del creador “Juan Muru”, y al del cliente “Joan Cataholo” (fig. 2).

Estos tres datos, aunados al tipo de grafía de la propia inscripción—que sorprende por el pobre cuidado de su trazo—, contienen varias de las aristas de debate e investigación, que van desde la identificación o relación de Juan Muru con el aún anónimo Maestro de Castelsardo—figura esencial en la expresión pictórica de Cerdeña—, hasta la disertación sobre las dinámicas de los talleres en la isla. Además, en este mismo contexto se inserta el tema de los estilos pictóricos presentes en el retablo, donde se descubren préstamos locales, diversas referencias nórdicas, como también la propuesta de circulación de modelos catalanes y valencianos.

Por otro lado, el epígrafe ha permitido revelar la figura del arcipreste Joan Cataholo, personaje activo dentro de la jerarquía eclesiástica de Cerdeña, quien logró estar presente en diferentes momentos en tres diócesis: Sorres, Bisarcio y Castra, con cargos importantes como el de vicario y procurador. El poder de Cataholo sin duda era también económico, muestra de ello es el propio Retablo Mayor de Ardara que manda a realizar, para exaltar los principales valores cristianos, y promover su fidelidad a la Corona de Aragón.  Así lo demuestran los escudos de armas de los reyes de Aragón que, por un lado, realzan las columnas laterales del nicho situado en la parte central del retablo, donde además se encuentra la escultura policromada de Nuestra Señora del Reino—para los reyes católicos, la protectora de la monarquía ibérica—; y por el otro, los escudos parecen dar sostén a la escena de El tránsito de la Virgen, pintura central del retablo, donde posiblemente el propio Joan Cataholo aparece de rodillas ante la Virgen (fig. 3). Asimismo, se ha propuesto la posibilidad de que Fernando II de Aragón pudo ser representado como el rey más joven en la escena de la Adoración de los Magos.

Sin embargo, dentro de los elementos representativos que conforman este retablo, existe un participante en el que escasos académicos han reparado, y que sin duda podría ahondar en el análisis del propio retablo, como también a los estudios sobre las representaciones de africanos—o afrodescendientes—negros en el arte renacentista. Se trata de la presencia de la mujer negra que, en calidad de sierva, aparece en la escena del Nacimiento de la Virgen (fig. 4). En esta pintura, ubicada en la parte superior del eje central del escenario, se puede observar que esta mujer, quien de manera imprevista, surge de la oscuridad para ofrecer comida a la madre de la Virgen. No es la única mujer en portar alimentos, en la misma línea de su aparición ya se encuentran dos mujeres a la espera de presentar lo que portan en las manos.

La manera de ubicar a la sierva negra, entre dos mujeres blancas, portando comida como regalo, no sólo en esta representación, sino en el Nacimiento de la Virgen, realizado en Portugal (fig. 5), ha sido comparada con las características que posee la inserción del rey mago negro en las escenas de la Adoración de los Magos. Convención que comenzó a ser común en el arte europeo a mediados del siglo XV, y que se caracterizó por asignarle al africano el lugar del tercer mago; un integrante “exótico” en su color, el cual surge en el último momento para llegar al reconocimiento de Cristo, pero sobre todo para caracterizar la otredad cristianizada. En este contexto, un ejemplo más claro en la ejecución de esta equivalencia entre dichas convenciones, acentuada por la acción específica de llegar en el último momento a ofrecer alimento, es quizá el Nacimiento de la Virgen del pintor milanés Bernardino Luini; aunque en éste último, el tercer participante sea un hombre (fig. 6). En este caso, cabe preguntarse: ¿El Nacimiento de la Virgen puede tomarse como un modelo equivalente al de la Epifanía, donde se intentaba integrar la ‘otredad’ en representaciones de carácter sagrado?; y también: ¿por qué este modelo no fructificó, a diferencia del éxito que sí alcanzó la inserción del rey negro africano en las escenas de la Epifanía?

Regresando al Retablo Mayor de Ardara, si el rey más joven es representado por Fernando II de Aragón en la escena de la Adoración de los Magos, entonces es posible que Joan Cataholo hubiera tenido en mente el juego de posibilidades que brindaban las dos convenciones. Así, pidió dejar el lugar de jerarquía para el rey—siendo esto otro evidente guiño a la Corona de Aragón—, pero a la vez no renunció a las posibilidades de significados que enunciaban la representación de población africana: una marca del gusto de las cortes italianas, en especial de las aragonesas, por servidumbre negra—esclava o libre—; un trazo de las jerarquías corporales a través de la creación de estereotipos que justificaban dichas diferencias y, claro, un signo distintivo de la expansión marítima europea a nuevos territorios que, para 1515, estaba por concretarse en lo que conocemos hoy como el comercio trasatlántico de esclavos.

November 10, 2020

Un agradecimiento especial a Maria Vittoria Spissu por su amabilidad de compartir conmigo la imagen central de este ensayo, así como sus interesantes textos sobre el Retablo Mayor de Ardara.