La Capilla Piccolomini, en Santa Ana dei Lombardi, Nápoles

Monumento fúnebre de María de Aragón. La Capilla Piccolomini, en Santa Ana dei Lombardi (antes Santa María de Monteoliveto), Nápoles. Image in the public domain.

La Capilla Piccolomini, en Santa Ana dei Lombardi (antes Santa María de Monteoliveto), Nápoles, condensa varios puntos nodales de una época convulsionada. La victoria de Alfonso I de Aragón, quien entró triunfalmente en Nápoles el 26 de febrero de 1443, desencadenó una gran transformación de las artes. El nuevo rey convocó a artistas italianos y extranjeros para remodelar la ciudad, que adquirió desde entonces una fuerte impronta toscana. También invitó a célebres humanistas italianos, no sólo porque alimentaban su amor por los libros y su fascinación por la antigüedad, sino también porque podían traducir sus acciones a un lenguaje humanista y relatarlas para la posteridad. Ferrante I (1458-1495), su hijo, impulsó aún más la «vuelta a la vida del mundo antiguo». Como parte de la política de alianzas matrimoniales de los aragoneses en Italia, María de Aragón, hija natural de Ferrante, se casó con Antonio Todeschini Piccolomini (1435-1492), sobrino de Enea Silvio Piccolomini, quien se convertiría en el papa Pío II en 1458. Antonio fue uno de los favoritos laicos de su tío, quien lo colmó de beneficios: se entiende el interés de los aragoneses por establecer un vínculo con su familia. Como parte de la dote, Piccolomini se convirtió en duque de Amalfi. Tras la muerte de Pío II en 1464, Antonio concentró su actividad en Nápoles, donde se mantuvo fiel a Ferrante durante los levantamientos nobiliarios de aquellos tiempos (1459-64 y 1485-6). María de Aragón murió muy joven, en 1469. Aunque Antonio volvió a casarse casi de inmediato, encargó un monumento fúnebre en honor de su primera esposa. 

Se inicia entonces una historia que duraría un cuarto de siglo y en la que muchos detalles, incluidos la comitencia y la ejecución, son objeto de disputa. De acuerdo con Vasari, quien conocía bien la iglesia de Monteoliveto, pues trabajó en ella en 1542, la tumba del cardenal de Portugal, que Antonio Rossellino ejecutó en San Miniato al Monte, Florencia, causó tal impresión en Antonio Piccolomini que éste encargó al escultor una réplica para el sepulcro de su esposa. Pero Rossellino murió a causa de la peste en 1479 y, dos años después, el duque de Amalfi exigió a los herederos del artista que le devolviesen 50 florines, adelantados para la obra aún inconclusa. Tras la muerte de Rossellino, Benedetto da Maiano se encargó de terminar los trabajos, al tiempo que su hermano, Giuliano, estaba al mando de reformas en toda la iglesia, en tren de convertirse en el templo preferido de la corte aragonesa. 

Al igual que en la tumba del cardenal de Portugal, Rossellino se inspiró para el sepulcro de María de Aragón en el sarcófago pórfido romano de santa Elena. Entre las características de la capilla florentina replicadas en la de Nápoles, se cuentan la planta cuadrangular, contigua a la antesala, que deja tres paredes disponibles para la decoración, y el pavimento de mosaico cosmatesco. Es evidente en el conjunto«el deseo que los hombres tienen de perpetuar su nombre y el de los antiguos», según la contundente frase de Maquiavelo en sus Historias florentinas. Frente a la entrada, se encuentra un relieve de la Adoración de los pastores, en la pared a la izquierda del ingreso está el sepulcro y en aquella de la derecha un trono decorado con motivos geométricos y un fresco con otra Anunciación. El relieve de la Adoración está flanqueado por dos nichos, con esculturas de san Mateo y san Marco, y dos tondos encima de los nichos, con relieves de san Lucas y san Juan. La representación central muestra una perspectiva geométrica reforzada por un emparrillado, cuya estructura probablemente se haya inspirado en el Chiostro Verde de Paolo Uccello (1425-1430), en Santa Maria Novella (donde representa la ebriedad de Noé). Los ángelesdanzantes del coro provienen, casi con seguridad, de la escenografía de la Anunciación de Brunelleschi, en San Felice in Piazza, 1439 (algo semejante se observa en la Natividad mística de Botticelli, pero esa obra, hoy en la National Gallery de Londres, es de 1501). De acuerdo con Pope-Hennessy, también es posible que Rossellino haya visto las Adoraciones de Filippo Lippi (Annalena, 1453, y Camaldoli, 1463). 

En cuanto al sepulcro, el ataúd se encuentra sobre una plataforma decorada con motivos antiguos y cristianos. Sobre el cofre, yace una representación escultórica del cuerpo de María de Aragón, acompañada de dos putti. Ese conjunto está flanqueado por dos pilastras, sobre las que se arrodillan dos ángeles, entre otros detalles. Sólo pueden atribuirse a Rossellino la representación de María de Aragón y los dos putti que la flanquean: el resto sería obra de Benedetto da Maiano. Los genios alados que sostienen cornucopias, unicornios, guirnaldas de frutos y flores y la calavera, además de las resonancias clásicas, parecen transformar a la tumba en un portal a una vida agradable. En el epitafio se lee: «Quien lea estas palabras, que lo haga en voz baja para no despertar a quien duerme. María de Aragón, hija del rey Ferdinando, está adentro. Se casó con el duque de Malfi, Antonio Piccolomini, a quien dio tres hijas como testigo de su amor mutuo. Se puede creer que duerme porque no merecía morir». 

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