La capilla de los mártires de Otranto

Vista general de la Capilla de las Reliquias de la Catedral de Otranto. Photograph by Gabriel Rodriguez © The Trustees of Columbia University, Media Center for Art History, Department of Art History & Archaeology

El asedio de la ciudad de Otranto (Puglia, Italia) en agosto de 1480 fue el último de una serie de intentos por someter el sur de Italia, en este momento bajo el dominio aragonés, al poderío otomano, y con ello propiciar la conversión de este territorio al Islam. De acuerdo a la tradición, los vecinos de dicha ciudad resistieron sucesivos ataques y aun a pesar de ver mermada su capacidad defensiva, evitaron la rendición. En este contexto, la matanza del obispo de la Catedral de Otranto, así como de sacerdotes y feligreses, se convirtió en un evento emblemático con implicaciones tanto políticas como religiosas. De acuerdo a la narrativa que se generó con posterioridad a través de la tradición oral y las crónicas impresas, ochocientos (conocidos en italiano como Gli Ottocento) fueron los que en esta ocasión dieron su vida en defensa de la fe cristiana, y por tanto, mártires equiparables a los de la primera cristiandad. Pronto, y sin el aval de la Sagrada Congregación de Ritos como era requerido a partir del Concilio de Trento, los restos de los mártires de Otranto se convirtieron en el eje de la devoción, tras haber sido hallados en una colina cercana al centro de la ciudad y transferidos a la catedral un año después. Promovido por su popularidad, este culto tuvo su sede en la catedral medieval en la que se le dedicó un espacio específico, en el ábside y a la derecha, que ha sido objeto de cambios a lo largo de la historia del lugar (fig. 1).

En principio, se trató de una capilla dotada de un ciborio conformado por cuatro columnas que fue obra del arquitecto Gabriele Riccardi y cuya datación—que ha sido objeto de controversia en sí misma—podría fijarse por lo menos en la década de 1540. Este primer elemento destinado a la custodia de las reliquias fue retirado a raíz de la remodelación que se hizo de la capilla de las reliquias en el siglo XVIII y de él solo quedan los vestigios de sus columnas, hoy adosadas a un basamento de piedra en el ábside de la cripta de la catedral (fig. 2). No obstante, este ciborio y particularmente sus columnas fueron componentes importantes dentro del panorama simbólico asociado a la imagen del Templo de Jerusalén, como lo ha planteado Angelo Maria Monaco en su detallado estudio acerca de la misma. En cuanto al aspecto de este espacio, las fuentes documentales sugieren que se trataba de un ambiente reducido y completamente revestido de dorado, dotado de un cancel de hierro sobre el cual se alzaba el escudo de armas aragonés. En el centro estaba el ciborio de Riccardi, dentro del cual se exhibía el expositor de las reliquias, mientras que dentro de las paredes había dos armarios grandes de color morado abarrotados de reliquias que estaban a su vez alumbradas por el resplandor de tres lámparas de plata. Por su aspecto, dimensiones y carácter acumulativo, se podría decir que la capilla de las reliquias del siglo XVI encarnaba el concepto de “cámara rica”, afín no sólo a sus pares en Centroeuropa, sino especialmente a los relicarios, camarines y oratorios que existieron en España para esta época entre los que se pueden nombrar los casos madrileños de las capillas-relicario de los conventos de la Encarnación y las Descalzas Reales, en el ámbito institucional, y el de fray García de Loaysa Girón, en el privado.

En el siglo XVIII, por voluntad del obispo Carlo Carafa, aunque manteniendo los armarios destinados a la exposición de las reliquias, el aspecto de la capilla fue modificado añadiéndosele no sólo el revestimiento marmóreo que se conserva hasta hoy, sino también convirtiéndola en un recinto octagonal. Esta decisión arquitectónica coloca a la capilla de las reliquias de Otranto en el marco de una práctica enraizada en los martyrium—estudiados por André Grabar—que albergaron las reliquias de los mártires paleocristianos. Igualmente, hace eco de las posibles resonancias que tiene la planta octagonal como recurso alusivo a la iglesia del Santo Sepulcro, conocida como Anástasis, y al ocho como un número perfecto vinculado al domingo, a la Pascua, a Pentecostés, al Bautismo de Cristo, la regeneración, la inmortalidad y especialmente, a la Resurrección. Por otra parte, siguiendo el argumento expuesto por Richard Krautheimer en su estudio acerca de la planta octagonal y también refrendado por Juan Antonio Ramírez, en determinadas instancias esta forma constituyó una referencia a la imagen del templo de Jerusalén en su variante inspirada en la Cúpula de la Roca, muchas veces citada en el contexto medieval. Junto a estas posibles connotaciones simbólicas, cabe señalar que la modificación de la capilla de las reliquias de Otranto está en sugerente sintonía con otras capillas octagonales, construidas con anterioridad y dotadas de la misma función en otros confines del mundo hispánico, como es el caso de la capilla de las reliquias de la Catedral Primada de Toledo (España) (fig. 3), también conocida, por su forma octagonal, como el “Ochavo”, y la capilla dedicada al Espíritu Santo y conocida con el mismo nombre que la toledana en el Catedral de Puebla (México) (fig. 4).

April 27, 2020

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